lunes, 31 de agosto de 2026

Prácticas de Mindfulness

 

Yoga Meditación Basado en Mindfulness

¿En qué consisten las prácticas semanales de Mindfulness?

Es una actividad de 70 minutos por sesión centrada en la filosofía y praxis del Mindfulness que combina en cada clase tres elementos.

Conversación de algún aspecto teórico de la Atención Plena.

Movimientos con atención plena basados en Hatha Yoga.

Meditación.

Con esta práctica podemos a través de la meditación Mindfulness adquirir conceptos y técnicas para mejorar nuestra relación con el estrés y en general para mejorar nuestro bienestar físico y mental.


jueves, 27 de agosto de 2026

El Mindfulness y la sala de interrogatorios

 

El Mindfulness y la sala de interrogatorios

“Sin duda, el cruce de capitalismo o si se quiere neoliberalismo con las prácticas de sabiduría oriental es una cuestión de moda puramente circunstancial y no están emparentadas en nada que pueda ser evidente. De hecho, estas disciplinas coexistieron en el mundo clásico y por tanto son previas al mismo feudalismo.”

La motivación para escribir este artículo me surgió a raíz de un interesante y muy punzante artículo aparecido en el diario El País de España, titulado “Pensar en positivo ni sube el sueldo ni quita carga de trabajo: por qué el ‘mindfulness’ corporativo está arruinando la cultura laboral”, escrito por Noelia Ramírez, en que expresa con fiereza cómo las corporaciones especialmente en tiempos de pandemia están utilizando el yoga, la meditación y el mindfulness para sofisticar la explotación de sus trabajadores mientras les bajan el sueldo o desregulan sus jornadas laborales.

Soy un disciplinado y feliz practicante de mindfulness hace más de cinco años por lo que quedé bastante “sarandeado” al leer un nivel de rabia tal con una técnica que para mí y el entorno en que nos rodeamos es, en su esencia, buen vivir y que en el peor de los casos puede llegar a ser inocua.
¿Qué puede tener de negativo estirar el mat y mover un poco las articulaciones? ¿Por qué puede generar bronca ajena sentarse en un cojín, hacer la posición birmana y centrarse en la respiración?

El mindfulness cómo técnica – en términos muy gruesos – busca que estemos en mayor conexión con el presente y a través de la meditación en sus diversas formas podamos ser seres más conscientes y despiertos. En sus programas más clásicos creados por el doctor en Biología Celular, Jon Kabat-Zinn colabora como un eficaz antídoto para bajar nuestros niveles de estrés y disociación con nuestro entorno. ¿De qué manera esto puede estar enganchado con bajas de sueldo, trabajos excesivos de 80 horas semanales y el quedar personal y laboralmente “quemados”?

Para poder entender y asumir el desafío argumentativo del artículo del diario El País debemos partir por diseccionar el problema. Una cosa es el instrumento (objeto) y otro es para que se usa (objetivo). En modo simplificación, sin duda los clavos creados para unir superficies de madera también fueron utilizados para crucificar a los disidentes en el Imperio Romano, y los lápices y las plumas que permitieron la creación de las grandes obras de la literatura, también han sido utilizadas para asesinar clavándolas en la yugular. Podemos usar casi cualquier objeto material para hacer daño pero también lo inmaterial. El amor puede llegar a ser enfermizo; la amistad, utilizarse a favor del poder y en lo más sofisticado, filosofías, prácticas y tendencias para lograr objetivos y contrariar completamente para lo que fueron creados. Las creencias espirituales de todo tipo han sido manipuladas a favor de la pedofilia, el genocidio y muchos de los crímenes más brutales de la historia.

Por otro lado, tenemos que revisar el estado del desarrollo capitalista en el mundo, su irreversible robotización y, a la vez, su deshumanización – Yuval Harari habla profusamente de esto- manejadas por corporaciones cada vez más omnipresentes y a la vez globo-monopólicas. Esto podría ser un tema en sí mismo que nos llevaría a otros derroteros, pero focalizándonos en el ámbito al que nos invita el artículo de El País que es cómo estas compañías y otras están atendiendo y manejando a sus trabajadores en términos de sus áreas de Recursos Humanos y, sobre todo, cómo la pandemia adelantó años, quizás una década, el temido proceso de reemplazo de las máquinas por sobre las personas.

Las corporaciones y especialmente dentro de ellas el área tecnológica (TI), son sin duda entidades con fines de lucro cuyo fin obvio es obtener utilidades. No hay nada nuevo ni nada negativo en ello, pero es relevante entender el objetivo que subyace a la intención de incorporar en sus empleados instrumentos de desarrollo personal como el mindfulness, el yoga u otro. Una respuesta es el llamado “salario emocional” que entiende que las empresas pueden retribuir a sus trabajadores con beneficios asociados a su bienestar y clima laboral mas allá de sus sueldos. Sin embargo, la contracara es la que nos muestra Ramírez, o sea, la utilización del “salario emocional” simplemente para escatimar el dinero que deben pagar en metálico, e incluso podría desprenderse una dimensión más oscura si es que la intención fuera que la paz y tranquilidad que pueden generar las disciplinas mencionadas pretendieran generar docilidad ante los abusos laborales como una especie de droga “soma” al estilo del libro un Mundo Feliz de Aldous Huxley.

Es indudable que habitualmente como efecto secundario del mindfulness logramos un estado vital mas pausado y compasivo con nosotros y los demás. Pero eso no debe confundirse con docilidad. El término de hecho traducido al español significa “Atención plena” o “Conciencia plena” y, efectivamente, un efecto no secundario sino primario e inherente a la práctica es estar más conscientes, más despiertos, más atentos a lo que nos pasa en el día a día. De esta manera, perfectamente un trabajador practicante de meditación que es explotado podría ser mas consciente de ese abuso y actuar en respuesta de lo que está experimentando.

A diferencia de lo que se cree la “atención plena” no es para caminar por la vida en un estado –como la gente lo suele llamar- Zen, levitando en la estratosfera. Es todo lo contrario. El “darse cuenta” y experimentar la vida tal como se nos presenta es lo más esencial de esta filosofía. Extremando el argumento más que un grupo de trabajadores pasivos y enajenados ante el abuso salarial, una buena práctica de mindfulness podría generar bastante sublevación en el marco de la claridad que nos brinda el despliegue de la conciencia del aquí y ahora. No pretendo tejer la falsedad de que el mindfulness es la antesala rabiosa de la revolución proletaria, de hecho la no violencia es parte de su estructura, pero bien sabemos que no necesitamos recurrir siempre a la fuerza para generar una transformación radical en nuestras vidas o en la sociedad.

Manipular la comunicación interna al nivel descrito profusamente por Noelia Ramírez en que se busca que el trabajador llegue a creer que el “problema” es él o ella y no la empresa que lo oprime va exactamente en la dirección contraria de la atención plena y otro de sus preceptos básicos heredados del budismo que es la integración o “Interser” como lo llama Thich Naht Hahn. Esto significa en simple que no existe el individuo como un ser desconectado de su entorno, una separación entre el interior y el exterior, entre yo y el mundo. Todo está integrado holisticamente, interdependiente, influenciado siendo parte de un gran ecosistema en que nuestras acciones generan efectos en el universo completo y viceversa. Por tanto no es posible el encapsulamiento individual como tampoco el que una acción abusiva pueda ser inocua en el sistema ecológico de nuestro entorno inmediato o universal. En esta perspectiva él torcer la realidad de forma deliberada para obtener una ventaja nos afecta a todos y al todo y es totalmente contraria a la base del mindfulness.

Sin duda, el cruce de capitalismo o si se quiere neoliberalismo con las prácticas de sabiduría oriental es una cuestión de moda puramente circunstancial y no están emparentadas en nada que pueda ser evidente. De hecho, estas disciplinas coexistieron en el mundo clásico y por tanto son previas al mismo feudalismo. Así como hoy están en boga en las empresas de punta, mañana podrían estar en los estados totalitarios, las Naciones Unidas o en la industria de la estética o realmente cualquier cosa, tiempo, lugar o territorio. Incluso sería razonable pensar que seguirán ahí en el futuro lejano cuando el mundo adopte nuevas estructuras económicas y sociales que aún ni soñamos.

Sin duda, el escrito del diario español es muy interesante y provocador. A mi juicio no debe ser tomado reactivamente como una afrenta a quienes nos relacionamos profundamente con las disciplinas cuestionadas. Más aún, es una magnifica reflexión que abre muchas ventanas argumentales acerca de lo que ocurre cuando se hace un uso intencionado de un instrumento que es ecuánime. Y justamente, la ecuanimidad es otro rasgo de la atención plena. El gran punto en que no repara la autora es que usando la vieja metáfora si es que al mindfulness, la meditación o el Yoga son empujados a una sala de interrogatorio de alguna distorsionada oficina de recursos humanos corporativas y ya vienen golpeados y estrujados y adentro además los torturan….. sin duda, pueden terminar confesando cualquier cosa.

Para finalizar, en la práctica sentada de la meditación mindfulness es importante no quedarnos dormidos, y de esta manera sentir nuestro cuerpo, observar nuestra mente y percibir el entorno. En tiempos de nuevas hegemonías globales, cambio climático, convulsiones sociales y tanta incertidumbre, la meditación, la conciencia plena y el yoga pueden ser elementos fundamentales para poder traducir, asumir y sobrellevar un mundo cada vez más complejo e incluso, hostil. En ese contexto, quizás más allá del cojín de meditación sea el mayor desafío del futuro el estar atentos sin caer en la letanía del sueño.

Mindfulness y el dilema de las redes sociales

 

Mindfulness y el dilema de las redes sociales

“Si la vida moderna ya capturaba nuestra atención haciéndonos funcionar en “piloto automático” la irrupción de Internet, su adaptación a los dispositivos móviles (teléfonos y tablet) y sobre todo la aparición de las redes sociales ha llevado esta asincronía a una escala mucho mayor, al punto que podríamos decir que han generado una nueva dimensión donde estar distraídos”


Recuerdo haber leído alguna vez que en una conferencia le preguntaron a un destacado maestro budista qué significaba la  meditación esperando como repuesta una mega charla metafísica y él con sencillez respondió algo así: “cuando camino, camino; cuando como, como; cuando duermo, duermo”.

La mente viaja entre el pasado y el futuro, situaciones ficticias, conflictos, problemas a resolver, planes, remembranzas y un sin numero de situaciones, ecuaciones, tiempos y lugares. El Mindfulness nos enseña a través de la meditación y otras técnicas a calzar –como el ejemplo del maestro de más arriba–, aunque sea solo por instantes, nuestro cuerpo con nuestra mente de manera de poder tomar conciencia del momento presente. Esto es especialmente significativo en este trance histórico que vive la humanidad y, por ende, para todos nosotros en nuestra cotidianeidad en que estamos abrumados de estímulos, tareas y carreras.

Si la vida moderna ya capturaba nuestra atención haciéndonos funcionar en “piloto automático” la irrupción de Internet, su adaptación a los dispositivos móviles (teléfonos y tablet) y sobre todo la aparición de las redes sociales ha llevado esta asincronía a una escala mucho mayor, al punto que podríamos decir que han generado una nueva dimensión donde estar distraídos. Poniendo sólo un ejemplo: ¿Cuándo viajamos en el metro dónde estamos realmente? Es cosa de observarnos a nosotros mismos o a los otros pasajeros usando nuestros dispositivos: conversando por whatsapp, jugando a un juego, viendo un video, posteando en facebook u otro. Incluso amigos, parejas, padres e hijos que van juntos en el vagón, cada cual está “en lo suyo”.

Las empresas de redes sociales, todas ellas corporaciones privadas buscan legítimamente lucrar. Su  producto es el usuario y sobre todo el tiempo que este destina en verter su mente en esas aplicaciones: Twitter, Facebook, Instagram y otras. Es tan evidente este intento exitoso de captura mental que buena parte de las funciones básicas de estas redes como son recibir un “like” o una notificación, ser etiquetado, etc., están cuidadosamente estudiados desde la psicología y la neurología para ser deliberadamente adictivas.

En otro plano, está el dilema comunicacional. Nuevamente en la lógica de retener nuestra conciencia el mayor tiempo posible, estas compañías nos conectan con lo que nosotros queremos ser conectados. Esto es fantástico para saber en que están nuestros seres queridos, pero también en entregarnos casi exclusivamente información sobre lo que ya creemos o pensamos. Lo expuesto anteriormente se define como alienación y ya abundan los estudios que demuestran que tanto individual como colectivamente el “social media” nos encierra en el reforzamiento de nuestras propias creencias, mostrándonos lo que queremos ver o sea homogeneizándonos a nosotros y nuestra realidad. Esto es exactamente lo contrario a la conexión y el diálogo. En vez de comprender, moderarnos y ecualizar nuestras creencias frente al contacto con el que piensa distinto endurecemos nuestras trincheras y posiciones al punto de creer que nuestro mundo es “el” mundo.  La preocupante polarización política en Estados Unidos, Brasil, Europa oriental y en verdad en todo el mundo parece tener mucho que ver con esto.

Si los adultos que conocimos un mundo sin internet vivimos el día pendientes de las notificaciones la situación de los niños y adolescentes que han nacido en este sistema es mucho más delicada. Existe –al parecer- una correlación directa entre el auge de las RRSS y el suicidio juvenil, sin contar aberraciones tales como el creciente auge de las cirugías plásticas para igualarse a los filtros ofrecidos por Snapchat, el cyberbullyng, etc. En el difícil debate sobre la regulación de estas plataformas la demanda número uno tiene relación con evitar la exposición temprana de los niños pequeños.

Todo indica que estamos en el primer capitulo de una historia muy larga, las leyes que puedan protegernos como individuos de los efectos de lo expuesto se ven lejanas y de dudosa efectividad, por otro lado, la tecnología y las mismas redes sociales miradas como instrumentos pueden ser usadas benévolamente a nuestro favor como elementos de real comunicación e interacción con otros, no creo que debiéramos caer en el facilismo de condenar la tecnología per se como aquellos ciudadanos de inicios del siglo XX que vieron el inicio del cine como un aliado de Satán.

El  mindfulness también puede ser una alternativa a la mera reactividad, no es necesario alejarse de las aplicaciones, podemos seguir siendo ecuánimes en ellas,  tomar conciencia de qué estamos haciendo, estar presentes en el momento que posteamos, respondemos e interactuamos. No es fácil, la dinámica algorítmica trata de condicionarnos pero así como intentamos estar despiertos en el plano real también podemos estarlo en el virtual.

La meditación puede ser un camino, una pequeña ancla,  una brújula que nos ayude a comprender con un poco de distancia los nuevos lenguajes y formas, evitando en lo posible estar inmersos en un océano cuya corriente nos arrastre sin voluntad, adormecidos, desconectados, alienados.

El placer de lo impermanente

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