Fluir hace referencia metafórica a los elementos de la naturaleza que simplemente ocurren, que se dan por sí solos y al mismo tiempo poseen fuerza y movimiento. No tienen intencionalidad o diseño aparente simplemente ocurren, son.
El agua que cae por las montañas, el viento que sopla sobre la tierra, las corrientes marinas y hasta el fuego del magma cuando se manifiesta.
Sin embargo, esta aparente aleatoriedad se complementa y amalgama de manera pronta o milenaria para generar vida, formar lluvias, lagos, ríos, volcanes, valles, montañas etc y dar forma a nuestro planeta.
Como practicante y facilitador de meditación Mindfulness he ido aprendiendo que nuestras vidas también esconden un cierto flujo, un suave cauce por donde transcurren naturalmente las cosas.
Como si el existir de por sí contuviera una cierta sabiduría, una resonancia siempre dispuesta a acogernos y a transportarnos.
En la vida actual que nos empuja incansablemente a ser eficientes, productivos, rentables y tantas otras exigencias el estrés nos va devorando disociando la mente de nuestro cuerpo. Poco tiempo tenemos entonces para parar y simplemente estar atentos, al latido del corazón, al vaivén de la respiración y mucho menos la búsqueda de sentido.
